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Investigamos cómo los fragmentos de encinas y robles en campos agrícolas mantienen corredores biológicos, dispersan semillas con aves de paso y protegen el suelo frente a la escasez de agua.
Explorar los estudios de campo+20
especies de aves migratorias visitan los retazos cada otoño
500 m
distancia máxima documentada entre manchas de encinar conectadas
2 ha
umbral de superficie donde el suelo aún retiene materia orgánica
Cada fragmento de bosque, por pequeño que sea, cumple funciones ecológicas concretas. Estas son las ventajas documentadas en nuestros trabajos de campo.
Los retazos de encina separados por menos de 300 metros mantienen intercambio de aves frugívoras. Esto permite la dispersión de semillas entre parches y evita el aislamiento genético de las poblaciones vegetales.
En fragmentos de roble quejigo de al menos una hectárea, la materia orgánica del suelo es un 40 % mayor que en campos colindantes. Esto mejora la retención de agua durante los meses secos y reduce la erosión superficial.
Los parches de bosque mixto albergan insectos polinizadores y pequeños mamíferos que controlan plagas en los cultivos vecinos. Un retazo bien conservado puede reducir el uso de fitosanitarios en un radio de 200 metros.
En los bordes de los fragmentos, la deposición de semillas por aves migratorias es hasta tres veces mayor que en el interior. Este proceso natural permite la regeneración del bosque sin intervención humana directa.
La sombra y la evapotranspiración de los retazos forestales reducen la temperatura del aire en los cultivos adyacentes hasta 2 °C durante las olas de calor. Esto disminuye el estrés hídrico de los cultivos de secano.
Los fragmentos lineales de setos y árboles dispersos funcionan como pasillos para abejas silvestres y mariposas. Nuestros censos muestran que la riqueza de polinizadores se duplica cuando existe una red de parches conectados.
Cada mes, un análisis directo sobre conectividad ecológica, retención hídrica y dispersión de semillas en fragmentos forestales. Sin publicidad, solo datos de campo.
Por qué confiar en nuestro enfoque
Frente a los estudios genéricos de cobertura vegetal, trabajamos con parcelas concretas, escalas de campo y datos de seguimiento de fauna y suelo.
La mayoría de los análisis se basan en imágenes de 30 m de resolución. Nosotros medimos la forma, el borde y el interior de cada mancha de encina y roble con GPS de campo y transectos de vegetación.
No simulamos corredores en un SIG: registramos movimientos reales de aves frugívoras y dispersión de semillas entre retazos. Eso nos da datos funcionales, no solo geométricos.
Mientras otros modelos ignoran la edafología, nosotros tomamos muestras de compactación y materia orgánica en cada fragmento. La retención hídrica se mide, no se supone.
Nuestros datos han sido utilizados en planes de restauración de la Red de Corredores Ecológicos de Andalucía y en estudios de conectividad del Ministerio para la Transición Ecológica.
Más de 40 parcelas monitoreadas desde 2019 en las provincias de Córdoba, Sevilla y Cádiz.
Respuestas claras a las dudas más comunes sobre el estudio de manchas de vegetación y retazos de bosque en paisajes fragmentados.
En ecología del paisaje, un parche es una porción de hábitat diferenciada del entorno circundante. En nuestro trabajo, nos referimos a fragmentos de encinar o robledal de entre 0,5 y 10 hectáreas, rodeados de cultivos o pastizales. Su forma, tamaño y aislamiento determinan su función ecológica.
Utilizamos métricas de distancia euclidiana entre bordes de parches, modelos de coste de desplazamiento para especies focales (aves frugívoras y micromamíferos) y análisis de redes ecológicas. También registramos la presencia de setos vivos y linderos arbolados que actúan como pasillos.
Las aves migratorias depositan semillas de especies leñosas con mayor frecuencia en los bordes de los fragmentos. Este proceso de dispersión dirigida puede iniciar la expansión natural del parche y la creación de nuevos núcleos de vegetación, especialmente cuando los retazos están separados por menos de 500 metros.
Sí. En fragmentos de robledal de menos de dos hectáreas hemos medido una mayor compactación superficial y un menor contenido de materia orgánica en comparación con masas forestales continuas. Esto reduce la infiltración y la reserva hídrica disponible durante los periodos de sequía estival.
Mantener una distancia máxima de 500 metros entre parches, conservar setos y linderos arbolados como corredores, y evitar la impermeabilización del suelo en los bordes de los fragmentos. Estas medidas favorecen la conectividad ecológica y la resiliencia del paisaje frente a la escasez de agua.